viernes, 27 de enero de 2017

Un escritor no sobornable


En sus artículos, la memoria histórica quedaba ridiculizada por la estulticia de "los catetos con coche oficial". ¿Por qué escribir ahora una novela ambientada en el periodo? Arturo mira de frente, los pies bien plantados en el suelo.
Me coge del brazo si tiene que enfatizar y, en el tema español, vaya si enfatiza: "No fue algo deliberado. Aquí hay muy pocas novelas de espionaje y yo quería contar la historia de un espía de los años 30, un personaje que tenía que moverse en Europa y, en ese contexto, lo más interesante era la Guerra Civil Española. Llegué como consecuencia, no como objetivo".
 La guerra es casi un subgénero. ¿Quería desmarcarse de lo que se ha escrito y rodado estos últimos años? No, porque yo ya estoy desmarcado. Quería decir que mi actitud respecto a la guerra es la que tengo ante todos los conflictos armados. Lo de los buenos y malos no me lo creo porque yo he hecho como 20 guerras como reportero y lo he visto. Desde lejos está claro que dices que los malos son los franquistas, los estalininstas, Hitler... Pero de cerca, cuando estás con la gente, la cosa no es tan simple. Una guerra no es una elección ideológica, es una tragedia. Al final siempre hay un chaval de 18 años que está ahí y al que le da igual la bandera. ¿Es más idealista un falangista de 18 años o un comunista de 18 años?

Lo que describe se ha venido traduciendo como equidistancia. ¿Ha menguado el uso de esta palabra como insulto? Es que no es la adecuada. Uno puede estar cerca de un bando o de otro, sin duda, lo que no implica que no pueda tener las luces suficientes para ver que los seres humanos son los mismos en todas partes y que en todas hay héroes, verdugos, canallas, oportunistas, sinvergüenzas, criminales... El problema es que en España nunca reconocemos en el adversario ninguna virtud, todo son defectos. Es decir, el enemigo nunca puede ser valiente, honrado o digno, siempre ha de ser cobarde, despreciable y vil. Yo no soy equidistante, trato de ser ecuánime. Mi actitud no es la misma ante el bando fascista que ante el republicano, del que me siento más cerca, pero los veo con ecuanimidad.
Repito entonces la pregunta. Si el adjetivo es ecuánime, como acaba de puntualizar, ¿ha avanzado España en ecuanimidad?
No. Se está peor que antes, porque los testigos se están muriendo. Hay unas generaciones nuevas que no tienen fuentes directas y que se están guiando por cuatro tuits. La visión es paradójicamente más parcial y maniquea que hace 30 o 40 años, cuando los testigos aún estaban vivos. Aún quedan, pero ya no se les escucha. He visto a niñatos de 20 años dando lecciones de historia en Twitter a gente que hizo la guerra o a sus hijos. Vivimos en un mundo de etiquetas fáciles donde 140 caracteres son más importantes que un libro, donde no se habla de un argumento sino de lo que un tuit dice sobre ese argumento. Si yo escribo sobre la guerra, la mayoría no hablará de mi libro sino de lo que dicen otros sobre mi libro.

El crítico Alberto Olmos apuntaba que, en 'Soldados de Salamina', Cercas se empeñó en encontrar buenos y malos en ambos bandos, mientras que a usted le ha salido una obra con empate a hijos de puta.
No le quito valor al libro de Cercas, a quien respeto y aprecio. Pero yo he estado allí, para mí la gente de la guerra tiene nombres y apellidos. La nuestra me la contaron quienes la habían vivido. No necesito acudir a los libros y a las películas, tengo mi propio criterio y sé que junto a idealistas y gente noble y digna había muchísimo sinvergüenza. Hubo 200.000 muertos en el frente, pero hubo 200.000 en la retaguardia. Fusilados, torturados, violados, asesinados, robados, sañados, expoliados y encarcelados. Alguien tuvo que matarlos, en los dos bandos. ¿Es que todos nuestros abuelos fueron héroes que defendieron la República o a Cristo Rey en el frente? No, alguno fue un hijo de puta con camisa azul o con mono de miliciano que estuvo sacando a la gente de la casa para darle un tiro en la cuneta. Porque hubo cunetas en los dos bandos. Recalca esto: cuidado con los abuelos, porque muchos estuvieron matando gente, porque no todos fueron héroes.

No hay una sola mención femenina en la novela que no venga acompañada de una descripción física. ¿Le han reñido ya?
Una periodista me dijo que Falcó era un machista. Hombre, ¿en los años 30? ¿Un tipo que tortura y que mata? ¿Ese tipo luego respeta a una mujer? Le gustan las mujeres guapas, es un rasgo suyo. Como también es violento, cruel, sin escrúpulos... él lo es, no yo. La gente anda queriendo buscar en el autor esos rasgos pero no. No he querido provocar, la época era así.

Es que pareciera que en nombre de la corrección política ya no se puede decir que una mujer es guapa. Lo menciono por una riña reciente, quizás menor pero significativa, en la que a un periodista de la competencia se le acribilló por haberse referido al aspecto físico de una escritora en una entrevista.
El periodista del que hablas, Jacinto Antón, es como mi hermano. Conozco el debate y yo pienso seguir diciendo que una mujer es guapa. O un hombre. Luego es que la novela transcurre en los 30. Es muy peligroso y hasta estúpido querer ver cosas del pasado con ojos del presente. No puedes juzgar a Hernán Cortés con criterios de ONG del siglo XXI, son mundos distintos. No he querido llevar la mirada actual a los 30 sino que el lector de este tiempo vea el mundo de Falcó como lo veía él. Sería tan anacrónico como poner a una feminista en las cruzadas. Es ridículo.

Arturo Pérez Reverte no es un hombre que vaya a pasar a la historia por su belleza, aunque la edad ha sido amable con su rostro ciertamente ordenado. No hace mucho, quizás antes de venir a Sevilla, se ha rapado el pelo. Tiene 65 años, su cara es afilada, sus dientes están bien alineados y sus orejas muy pegadas a la cabeza. Viste sobrio, tiene un bonito reloj. Cuando posa, se tira de los puños de la camisa y entorna un poco los ojos. A cierto sector del feminismo, le cae muy mal. Es recurrente que le tilden de machista. ¿Cómo lo lleva?
Sucede porque cuando me burlo de algo es fácil decir: "Mira Reverte, qué machista". Leed mis textos, idiotas. ¿Me he burlado alguna vez de forma cruel? Sí, cierto. ¿Y qué? Reivindico la libertad de expresarme como me dé la gana porque sé muy bien en qué posición estoy respecto a este tema.

¿Y cuál es? Tengo una hija, Carlota, que tiene 32 años. El primero que quiere que viva en un mundo en el que se reconozcan sus derechos y sus deberes y que esté en un plano de igualdad con los hombres o, si es inteligente, por encima de los hombres que no lo son, soy yo. Por eso sé que el feminismo es necesario y deseo que las injusticias que llevan muchos siglos perpetrándose desaparezcan. Eso hasta ahí. Luego en mis novelas lo he demostrado docenas de veces con mis personajes femeninos, que con frecuencia son duros, potentes... y cuando son malas, son mucho más peligrosas que los hombres. A mí no tiene que darme nadie lecciones de cómo tratar a los hombres y a las mujeres. No acepto el folclorismo estúpido, ultrarradical, fanático y analfabeto de algunos sectores que se dicen feministas y que lo que hacen es empañar el verdadero feminismo. Ese, el intelectualmente respetable, cuenta con mi respeto, porque me interesa que mi hija se beneficie de él. Pero del feminismo de la estupidez, el que perjudica no sólo a mi hija sino a todas las mujeres, de ese 'estoy contra'. Esa es la cuestión.

Le han llamado 'cipotudo' recientemente...
No he seguido mucho esta historia. Me han dicho que encabezo una lista en la que también están los columnistas Manuel Jabois y Antonio Lucas. Pues son muy amigos míos y estoy muy orgulloso de estar con ellos. Me da igual, yo estoy muy bien donde estoy. Jabois, Lucas, están muy por encima de esa definición, son dos de los periodistas más brillantes del país, sobrepasan cualquier encasillamiento.

¿La corrección política es un invento de los movimientos de izquierda? Hay gente que se ve obligada a ser correcta por su trabajo o su posición. Yo no tengo esas limitaciones, no he de plegarme, mi libertad me la dan mis lectores. Pero no creo que sea justo colocar este problema en la izquierda, la derecha también se aprovecha. Simplemente, nace de la estupidez y de la ignorancia. Todos somos cómplices, con nuestra falta de lucidez crítica, de que los golfos se aprovechen.

Hora de acudir al estudio de Carlos Herrera. Iremos caminando, queda cerca. "¿Te importa que te coja del brazo?". He entrevistado a decenas de escritores. En una ocasión caminé junto a Umbral por la calle Preciados. Pero pasear con Reverte es como ir del brazo de una estrella de cine. Le saludan los taxistas, los vendedores de castañas, los quiosqueros, las señoras, los jóvenes.

 Herrera sale a recibirle a la antesala de la emisora. Se abrazan con palmadas en la espalda, cipotudamente, se diría. Los presentes toman fotos, le piden que les dediquen ejemplares. La entrevista transcurre fluida, en confianza. "¿Te ha gustado cómo ha quedado?", pregunta al salir.

 Marta Caballero

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