domingo, 25 de septiembre de 2016

País Vasco, no hay que mantener las falsedades con los niños


El País Vasco constituye una excepción a estos nuevos y difíciles tiempos. Esa Euskadi gris y plomiza del sirimiri parece encontrar el sosiego del consenso y el retorno de la tranquilidad a sus gentes. Un país que surge después de décadas atrapado por el terrorismo y la intransigencia, de mirar hacia otro lado y de la división de la población.

Un país en el que los fantasmas del pasado han sido sustituidos por los espíritus del presente. Un país que está cerrando -aunque en falso- sus cuentas con la historia reciente. Porque es más fácil dejar de hablar de las víctimas -cerca de un millar-. Es más sencillo olvidarse de los trescientos asesinatos cuya autoría aún no está resuelta.
Es más cómodo no cuestionarse acerca de lo que ha sido de los lisiados, de los afectados psicológicamente, de los niños que no han conocido a sus padres, de las viudas rehaciendo sus vidas...Y en estas condiciones, ¿quién será capaz de contar la historia que de verdad vivimos -sufrimos- en un País Vasco de atmósfera irrespirable y de muy cortas solidaridades?, ¿quién les dirá a los jóvenes, a los niños de hoy que hubo víctimas y verdugos y les pondrá sus nombres?, ¿quién será capaz de cerrar esa página sangrienta de nuestra historia para siquiera devolvernos la certeza de que nuestra lucha por la libertad tuvo algún sentido?

Los dos partidos han tenido arte y parte en el ejercicio deconstructor del relato verdadero, porque los dos se sentaron a negociar con ETA, los dos aceptaron como mal menor la presencia de sus herederos en las instituciones, los dos ofrecieron beneficios penitenciarios a terroristas convictos sin que la ley les obligara a ello... De modo que ese "ciudadano contra los poderes", que es el hombre libre que prefiere aproximarse a la realidad -aunque incomóda- antes que a la reinvencion fácil de la historia, tiene la oportunidad de elegir ahora a las gentes que puedan alzar la voz de la memoria a las generaciones mayores y más jóvenes. Un recuerdo que no nos lleve a la melancolía, sino a la solidez del nuevo edificio que deberemos construir.

 Fernando Maura

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